Ciudad de Panamá, Panamá. El tercer día de la Conferencia Anual de Ejecutivos de Empresa (CADE 2026) que aborda el tema de la posible adhesión de Panamá a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) puso sobre la mesa uno de los debates más relevantes para el futuro del país: cómo avanzar hacia estándares internacionales más exigentes sin comprometer la competitividad ni la capacidad de crecimiento.
La jornada inició con la exposición de Ubaldo González, especialista del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), quien ofreció una mirada técnica y global sobre los desafíos que enfrenta Panamá en materia de transparencia fiscal y regulación financiera. Durante su intervención, explicó cómo los estándares internacionales han evolucionado hacia esquemas de mayor control, cooperación y evaluación entre países, destacando que hoy el sistema financiero global funciona como una red donde la solidez depende del eslabón más débil.
González subrayó que Panamá ha logrado avances importantes en los últimos años, particularmente en la prevención del blanqueo de capitales y en el fortalecimiento de sus mecanismos de transparencia. Sin embargo, señaló que aún existen retos técnicos pendientes, especialmente en materia de sustancia económica y cumplimiento fiscal, elementos clave para mejorar la posición del país frente a evaluaciones internacionales y listas restrictivas.
También planteó una oportunidad estratégica: evolucionar hacia un modelo más robusto que permita a Panamá consolidarse como un centro financiero moderno, con mayor integración internacional y reglas claras que faciliten el flujo de inversión.
El análisis continuó con el primer panel del día, moderado por Amauri Castillo, y con la participación de Dulcidio De La Guardia, exministro de Economía y Finanzas; Adolfo Linares, expresidente de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá; David Saied, director regional y economista jefe de PwC y Helen Seixas, gerente senior de Servicios Tributarios de KPMG, quienes abordaron los costos, beneficios y riesgos de avanzar hacia estos estándares.
El debate evidenció la complejidad del momento. Los panelistas coincidieron en que cualquier decisión requiere un análisis riguroso de costo-beneficio, ya que implica reformas profundas, procesos largos de implementación y un alto nivel de coordinación institucional. También advirtieron que los cambios en el régimen fiscal y regulatorio traerán ajustes inevitables, que podrían afectar la competitividad si no se gestionan adecuadamente.
Durante el intercambio surgieron visiones diversas sobre el rol de organismos internacionales. Mientras algunos destacaron la importancia de alinearse con estándares globales para fortalecer la reputación del país y facilitar el acceso a mercados, otros alertaron sobre los riesgos de perder flexibilidad en materia fiscal y afectar el modelo económico que ha sostenido el crecimiento de Panamá en las últimas décadas.
Posteriormente se realizó una conferencia a cargo de Ramón Padilla, coordinador de investigación de la sede subregional de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que aportó una visión más amplia sobre la competitividad en el contexto global actual. La presentación destacó que el mundo atraviesa una transformación profunda, donde factores como la seguridad económica, la relocalización de cadenas de suministro y la innovación tecnológica están redefiniendo las decisiones de inversión.
Desde esta perspectiva, se enfatizó que Panamá mantiene fortalezas importantes: crecimiento económico sostenido, una posición destacada como receptor de inversión extranjera y una infraestructura competitiva en la región. No obstante, también se identificaron desafíos estructurales en áreas como educación, innovación y desarrollo tecnológico, que serán determinantes para sostener su atractivo en el futuro.
Uno de los mensajes más relevantes fue que la competitividad ya no se basa únicamente en costos o incentivos fiscales, sino en la capacidad de generar valor, productividad y talento humano. En ese sentido, el reto para Panamá es avanzar hacia un modelo que no solo atraiga inversión, sino que la transforme en desarrollo económico y social.
Por su parte, Giulia De Sanctis, presidenta de Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE), destacó que el debate de adhesión a la OCDE debe abordarse con claridad y visión país, subrayando que “el sistema territorial no es un impedimento para avanzar hacia estándares más altos, como lo demuestra la experiencia de otros países que forman parte de la OCDE”.
“Lo importante es entender que este proceso no se trata de perder soberanía, sino de elevar nuestros estándares como país, tomando decisiones informadas y ajustadas a nuestra realidad”, insistió la presidenta de APEDE.
De Sanctis también hizo énfasis en que el reto no es únicamente técnico, sino estratégico: “La pregunta de fondo es con quién queremos competir. Si queremos jugar en las grandes ligas, eso implica mayores exigencias, mayores costos, pero también mayores oportunidades. Países como Singapur e Irlanda han demostrado que es posible cumplir con estándares internacionales y seguir siendo altamente competitivos”.
El tercer día de CADE 2026, que se desarrolló con el tema “OCDE: Confianza global ¿Progreso local? El futuro de Panamá en debate” deja así una conclusión clara: el país tiene bases sólidas, pero enfrenta decisiones que requieren visión de largo plazo, coherencia en la ejecución y una estrategia que combine competitividad, institucionalidad y confianza.





















