Iglesia católica aboga por “Día de la Reconciliación Nacional, economía social y replanteamiento de situación minera”

La crisis que atraviesa la CSS también estuvo en la agenda de la CEP. Argumentan que este tema reclama de todos los involucrados una disposición total y una firme voluntad de aportar soluciones.

Ciudad de Panamá, Panamá. La Conferencia Episcopal Panameña (CEP) compartió este viernes, en rueda de prensa, una serie de “reflexiones” sobre la realidad eclesial y nacional, algunas de ellas, relacionadas a la situación económica que atraviesa el país producto de la pandemia, la crisis de la Caja del Seguro Social (CSS), el llamado a “replantear” la situación minera de la nación y la necesidad de “iniciar un proceso de sanación” por las heridas y angustias por los desaparecidos en la dictadura, en la invasión y la democracia.

Los planteamientos de la CEP se dieron en el marco de la conclusión de la segunda Asamblea Ordinaria Anual, del 27 de junio al 1 de julio de 2021, con el ánimo de contribuir a la búsqueda de bienestar para toda la población panameña.

La iglesia católica reiteró que, al conmemorarse los 50 años de la desaparición del Padre Héctor Gallego, sigue exigiendo con mayor fuerza, conocer la verdad de lo que le sucedió y dónde están sus restos. “Su nombre seguirá siendo aguijón que remuerde las conciencias mientras no se le haga justicia”, advierten. 

 Señalan que para la Iglesia y el pueblo panameño el Padre Héctor Gallego sigue significando “un grito de angustia y de clamor de los desparecidos en la dictadura, en la invasión y en democracia”.

“Para rendirle un justo homenaje a todas estas personas proponemos establecer el día 9 de junio, día de su desaparición física (del Padre Héctor Gallego), como el Día de la Reconciliación Nacional, en el que, todos los familiares y afectados, podamos mitigar nuestro dolor e iniciar un proceso de sanación para la construcción de una nación más humana, fraterna y solidaria, donde prevalezca el bien común y la justicia social”, propuso la CEP.

Por otro lado, la iglesia sostiene que la creciente pérdida de puestos de trabajo y la aguda desaceleración de la economía plantean grandes desafíos que requieren de la inventiva y la innovación nacional. Una de las consecuencias de la pandemia es el cambio en la forma de llevar las empresas y el salto obligado hacia el uso intensivo de la tecnología.

Ante la situación actual, abogan por la construcción de una comunidad justa, en lo económico y social, con la participación de sindicalistas, empresarios, trabajadores y dirigentes. “Tenemos que ir por el camino de la economía social […] En una sociedad donde haya un margen de pobreza muy grande, uno se tiene que preguntar cómo va la economía, si es justa, si es social o simplemente busca intereses personales. La economía es social”, sostiene.

La crisis que atraviesa la CSS también estuvo en la agenda de la CEP. Argumentan que este tema reclama de todos los involucrados una disposición total y una firme voluntad de aportar soluciones. No obstante, enfatizan que el diálogo es el camino por el que deben transitar todos los actores haciendo su mejor esfuerzo, y que sentarse a dialogar no significa rendirse ni renunciar al derecho que en justicia le asiste a cada quien.

“Optar por recorrer otros caminos distintos es alargar la solución y crear mayor desasosiego entre quienes aspiran a tener un servicio de salud y una pensión o jubilación libre de los vaivenes que provoca el mal que hoy padece nuestra seguridad social”, subraya la iglesia.

En cuanto al tema de la minería, reitera que es necesario un “profundo replanteamiento” sobre la situación minera de Panamá. Señala que han pasado más de 40 años desde la primera carta de la Conferencia Episcopal Panameña con respecto al desarrollo de la minería en Panamá y “esta realidad no ha cambiado”. “La Iglesia, desde su proceso de reflexión, sigue apostando por un desarrollo en el que el ser humano sea el centro en sus múltiples enfoques y en respeto siempre de sus derechos y su dignidad de hijos de Dios”, precisa.

“Recomendamos que, frente a la implementación y acuerdos sobre proyectos de minería, se debe considerar de manera clara y transparente por el tiempo que sea necesario, las consultas y participación ciudadana, así como una reglamentación que proteja los intereses de la nación”, agrega la CEP.

Para la iglesia católica, hay que mirar más allá de los problemas económicos del momento y planificar en función de país, pensando en las generaciones presentes y futuras, sabiendo que las medidas se hacen con el objetivo de la dignificación de las comunidades que podrían ser afectadas.

“La Tierra es nuestro hogar común y la herencia que debemos preservar para las generaciones futuras. Las acciones que ponen en peligro su biodiversidad, equilibrio, belleza y generación de agua, fuente de vida, han de ser revisadas para evitar daños irremediables”, concluye.

Frente a los temas del país, la CEP también abogó por una participación ciudadana responsable, e instó a las autoridades brindar a los ciudadanos las herramientas necesarias para conocer y estar en condiciones de actuar desde la planificación de los proyectos hasta la evaluación de los resultados; ya que el acceso a la información, la corresponsabilidad ciudadana y la rendición de cuentas son la clave para cimentar una sólida democracia.

“La experiencia confirma que, cuando los gobiernos elegidos democráticamente, son transparentes y tienen claros mecanismos de rendición de cuentas, la administración se consolida, aumenta la eficacia, crece la confianza y se consolida la justicia social y la paz”, indica.

Asimismo, la iglesia católica hizo un llamado a todos los sectores a contribuir para disminuir la violencia y que ha cobrado la vida de inocentes, entre ellos, niños. Sugiere que el trabajo en la familia, en las escuelas, en los medios de comunicación y el trabajo de las autoridades deben conjuntarse para lograr una mayor conciencia que desaliente esa opción para resolver conflictos y problemas que puedan surgir.

Precisamente en el tema de la familia, la CEP destacó la importancia de seguir trabajando para mantener vivos los principios que la sostienen como principal célula de la sociedad y la Iglesia.

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