El llamado desde CADE 2026: sin transformación educativa no hay desarrollo

El panel dejó claro que no existe una fórmula única para transformar la educación, pero sí condiciones necesarias: decisiones basadas en datos, sistemas más flexibles, continuidad en las políticas públicas y una mayor articulación entre el sector público y privado.

El llamado desde CADE 2026: sin transformación educativa no hay desarrollo

Ciudad de Panamá, Panamá. El futuro de Panamá pasa por la educación. Ese fue uno de los mensajes más contundentes que dejó CADE 2026, donde el debate sobre capital humano puso sobre la mesa una realidad ineludible: sin una transformación profunda del sistema educativo, será difícil sostener el crecimiento y generar más oportunidades para todos.

Durante su ponencia ¿Qué capital humano necesita Panamá? ¿Ayudan los estándares OCDE?, la ministra de Educación, Lucy Molinar, planteó que el desafío va mucho más allá de actualizar contenidos. Se trata de formar personas con habilidades para la vida, pensamiento crítico y capacidad de adaptarse a un entorno cada vez más dinámico. En ese camino, insistió en la necesidad de recuperar el valor de la persona dentro del sistema educativo y convertir la escuela en un espacio donde los estudiantes quieran estar, aprender y desarrollarse.

La ministra también destacó que transformar la educación implica repensar el rol del docente, pasando de un modelo tradicional a uno que inspire, motive y acompañe el proceso de aprendizaje. En esa línea, hizo referencia a iniciativas que buscan fortalecer la vocación docente y promover metodologías más cercanas a la realidad de los estudiantes.

A esto se suma un reto estructural: cerrar la brecha entre la educación y el mundo laboral. Molinar explicó que ya se están impulsando espacios de articulación entre estos sectores, con el objetivo de formar talento alineado con las necesidades reales del país y mejorar las oportunidades de inserción laboral de los jóvenes.

En ese mismo eje, la conferencia El futuro del talento panameño en la economía global, a cargo de Rolando Gittens, Coordinador de Valorización y Comercialización Científica INDICASAT-AIP, puso el foco en la urgencia de mirar más allá de las ventajas tradicionales del país. Aunque Panamá ha capitalizado su posición geográfica, el verdadero reto —señaló— es conectarse con el futuro del talento.

Gittens advirtió que hoy los países no compiten únicamente por mercados, sino por capacidades, y que el desarrollo dependerá cada vez más de la inversión en capital humano y de la capacidad de adaptación. En ese contexto, explicó que hacia el 2030 cerca del 40% de las habilidades actuales dejarán de ser relevantes, lo que obliga a repensar la educación desde una lógica de aprendizaje continuo.

Además, subrayó que el talento del futuro deberá combinar capacidades técnicas con habilidades humanas como la creatividad, el pensamiento crítico y la adaptabilidad, competencias que empiezan a formarse desde la escuela y se fortalecen a lo largo de la vida profesional.

La discusión continuó con el panel técnico “Ciencia, salud y educación: las reformas que no pueden esperar”, moderado por el economista Carlos Araúz, y con la participación de Eduardo Ortega, secretario nacional de la SENACYT; Tatiana Macías, investigadora del Índice de Libertad Educativa para América Latina; e Irvin Halman, exadministrador de la Autoridad para la Innovación Gubernamental.

El panel dejó claro que no existe una fórmula única para transformar la educación, pero sí condiciones necesarias: decisiones basadas en datos, sistemas más flexibles, continuidad en las políticas públicas y una mayor articulación entre el sector público y privado. También se destacó la importancia de avanzar hacia un modelo educativo más abierto y adaptable, capaz de responder a las distintas realidades del país y a las demandas de un entorno global en constante cambio.

En esa misma línea, los panelistas coincidieron en que la ciencia, la tecnología y la innovación son motores fundamentales para elevar la productividad y generar soluciones a los desafíos sociales y económicos.

En este contexto, la presidenta de APEDE, Giulia De Sanctis, subrayó que este debate no es aislado, sino parte de una visión país que exige decisiones de fondo. “Cuando hablamos de competitividad, institucionalidad o estándares internacionales, inevitablemente llegamos al mismo punto: el capital humano. Sin una educación que forme mejor talento, será muy difícil que Panamá logre traducir su crecimiento en oportunidades reales para su gente”, afirmó.

CADE 2026 reafirma así que el fortalecimiento del capital humano es una prioridad para Panamá. Más allá del debate sobre estándares internacionales, el mensaje es claro: el desarrollo del país dependerá de su capacidad de formar ciudadanos preparados, con habilidades relevantes y con oportunidades reales de crecimiento.

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