
Gualaca, Chiriquí. Lo que debió ser un traslado más, casi de rutina, de migrantes desde Darién –tras haber sobrevivido la implacable y peligrosa selva de esta provincia en la frontera con Colombia- a Chiriquí, que limita con Costa Rica, terminó en la peor tragedia de tránsito que se conoce en Panamá, un país centroamericano que se ha convertido en lugar de paso para cientos de miles de migrantes de diversas partes del mundo que buscan llegar a Estados Unidos para hacer realidad su sueño americano.
Un total de 39 muertos reportaron las autoridades panameñas, producto del accidente del autobús eléctrico, color azul, con matrícula 5B-0054 de la ruta Panamá-Darién, en el que viajaban 68 personas, que se precipitó por un barranco de casi 15 metros, en medio de la oscuridad de la madrugada de hoy miércoles en el sector de Los Planes, en el distrito chiricano de Gualaca, a menos de dos horas de la frontera con Costa Rica.
Eran pasadas las 4:00 de la mañana cuando la tragedia irrumpió el silencio en medio de la oscuridad de la zona, donde las autoridades panameñas establecieron desde el 2017 un albergue para acoger a los migrantes, antes de que puedan llegar a Paso Canoas y continuar su viaje ingresando a suelo costarricense.
El sector de Los Planes es precisamente un punto que permite el acceso a los viajeros que van hacia la provincia de Bocas del Toro, donde las pendientes, curvas, clima y, en temporadas de lluvia, los focos de derrumbes, hacen de este camino conocido como “La Quijada del Diablo” una ruta que demanda cuidado y experiencia, y hasta cierto punto valor, sobre todo en horas de la noche.
Mujeres, hombres y niños migrantes ocupaban el bus que ya había llegado a zona del albergue, pero, de acuerdo a versiones, el conductor dio la vuelta varios metros adelante tras haberse pasado la entrada del punto de llegada.
Había venezolanos, haitianos, cubanos, brasileños, colombianos, ecuatorianos, nigerianos y cameruneses, según confirmaron las autoridades panameñas que activaron inmediatamente un operativo para socorrer a los heridos y trasladarlos a los centros hospitalarios en David, distrito capital de Chiriquí.
Con el amanecer, la magnitud de la tragedia quedó al descubierto. Cuerpos esparcidos, cadáveres, restos humanos, y un irreconocible bus, totalmente destruido, era parte de la increíble escena de la suerte que corrió el vehículo, uno de los varios buses que habían viajado en convoy hacia el alberque.
Una baranda de seguridad rota por el tramo de la vía, daba indicios por donde se precipitó el bus. No obstante, enormes rocas que bordeaban el barranco y con las que impactó el vehículo mientras giraba en la caída, y su posterior choque con otro transporte tipo coaster, en la parte frontal, aumentaban aún más las interrogantes sobre qué fue lo que ocurrió o qué lo produjo.
Al final del barranco se encuentra un camino de tierra. Allí estaba estacionado el conductor del bus coaster, Edgar Guerra Miranda, quien también ofrece el servicio de traslado de migrantes. Contó a los medios cómo salvó su vida, cuando se percató que el enorme bus accidentado venia para encima.
El transportista dijo que se lanzó al pasillo del bus, lo que le permitió salir ileso del impacto que dio los restos del autobús siniestrado en una esquina de la parte frontal de su unidad. Guerra Miranda se encontraba con un ayudante, quien resultó herido en la pierna con un vidrio, por lo que tuvo que ser traslado al hospital.
Hay quienes afirman que la tragedia pudo haber sido aún peor, puesto que detrás del coaster, había migrantes esperando ser trasladados hacia David. El colectivo se interpuso en el trayecto que traía por gravedad el bus siniestrado.
Atención de heridos y manejo de cuerpos
Preliminarmente, se reportaron más de 30 heridos. Se conoció que 24 sobrevivientes, entre ellos menores de 15 años, fueron trasladados al Hospital Rafael Hernández de David, uno de ellos falleció. También se informó que otro grupo de afectados, 10 menores, se encuentran en el Hospital Materno Infantil José Domingo de Obaldía, donde 7 están estables y 3 en condiciones críticas.
Dada la magnitud de la tragedia, las autoridades panameñas informaron que recurrieron a un plan de emergencia para conservar los cuerpos de los fallecidos, debido a que no hay espacio en la morgue judicial del distrito de David. Para este fin tramitaron la adquisición de un contenedor refrigerado con capacidad para 60 cadáveres.
Investigaciones
En medio de las acciones de socorro, las autoridades acordonaron la zona no solo para garantizar la atención de los sobrevivientes, sino también para preservar el lugar para la posterior búsqueda de evidencia y restos del vehículo que pueda ayudar a los investigadores a explicar o determinar si un error humano o un desperfecto mecánico puedo causar este accidente, donde las cifras de víctimas superó a lo que cobró el siniestro en mayo de 1971.
El 24 de mayo de 1971, alrededor de las 6 de la mañana, el bus con placa G1-0020 de la ruta Chorrera – Panamá se precipitó del Puente de Las Américas, desde una altura de 150 pies, cuando se dirigía desde la ciudad de La Chorrera hacia la ciudad capital. Un total de 38 muertos y 5 heridos dejó como saldo este accidente, según informaron medios de la época.





















